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martes, 19 de agosto de 2008

¿Otra vez Terebinto?

Viendo los recientes avasallamientos de tierras cruceñas, en la propiedad Arubai y El Venado, me pregunto... ¿otra vez Terebinto? ¿Por que se escogió precisamente este lugar, emblemático para Santa Cruz, donde se realizó la masacre del mismo nombre? ¿Son estos avasalladores una versión 2.002 de los ucureños de 1958? ¿Sigue siendo el Oriente, mirado como una colonia de Occidente? ¿Siguen movimientos organizados pretendiendo tomar nuestras tierras? Son varias preguntas, cuyas respuestas quedaran claras en el futuro inmediato. Tenemos que estar atentos.

El grupo de los “Sin Tierra”; cara visible de este movimiento, está desvirtuando un derecho legitimo que tiene todo ciudadano, de poseer un pedazo de tierra propio, para sentirse verdaderamente parte de una Nación. Coincido plenamente con ellos sobre esta necesidad, pero discrepo profundamente con la forma incivilizada y delictiva de tomar las cosas por la fuerza. Es decir, robarle las tierras a otro. El robo esta penado por las leyes bolivianas, por las leyes cristianas y también por las leyes incaicas.

Él MAS, partido que negó estar detrás de estos movimientos y después mando a sus parlamentarios a abogar por ellos, y las ONGs; con apoyo externo, deben revisar sus métodos de lucha. Deben usar métodos de la democracia y no de la dictadura, que ustedes mismos critican con sobrada razón. O se está con la democracia y la ley o se está con al dictadura y la fuerza. No hay medias tintas. ¡No se puede ver sólo la paja en ojo ajeno! La aplicación de la fuerza es tan mala cuando viene de la derecha, como cuando viene de la izquierda. Estos líderes están llevando a los Sin Tierra a la muerte; como sucedió en Pananti y hasta ahora no han conseguido resultados favorables. ¿Por que no intentan ir por la legalidad?, es probable que tengan mejores resultados. A no ser que lo que quieran es generar violencia e inestabilidad, a costa de hacer matar a su propia gente.

Se debe repartir tierra en “toda la república” y no “sólo en Santa Cruz”. Aquí también tenemos mucha gente que no tiene tierras y como reza el adagio popular... “la caridad comienza por casa”. La tierra tiene que ser madre fecunda para todos, como sostiene la Iglesia Católica, pero tiene que ser fecunda en toda Bolivia. ¿Por qué los Sin Tierra asaltan propiedades únicamente en Santa Cruz y Tarija? Hay que darle a la gente las condiciones de vivir en su propio terruño, en su propio hábitat y con su propia cultura. Santa Cruz ha absorbido ya una cantidad muy grande de migrantes. El occidente debe también compartir la carga de las migraciones. Compartirá también la fuerza y el deseo de progreso y bienestar, del que vienen imbuidos estos conciudadanos. Se necesita crear un país con un desarrollo más armónico.

Es interesante observar que con los únicos migrantes que tenemos problemas “rurales” son con “los collas invasores de tierras”; gente resentida, llena de problemas y de deudas sociales; tal vez muy justas, pero en la que el Oriente no tiene pito que tocar. Ellos tienen que cobrar sus deudas a quien corresponda, nosotros no tenemos porqué cargar con pecados ajenos. En contraparte están viviendo en armonía con nosotros; y nos sentimos orgullosos de ellos: benianos, pandinos, chapacos, collas que vinieron pacíficamente, menonitas, japoneses, hindúes, chinos, rusos, brasileros, españoles, chilenos, argentinos, árabes, israelíes, croatas, serbios, etc.; varios de ellos enemigos mortales en su tierra de origen. Todos ellos forman parte de la Cruceñidad del presente. Santa Cruz no solo es tierra de esperanza, “es también tierra de paz”. “Que a nadie se le ocurra pensar que no somos hospitalarios”. En los hechos estamos demostrando lo contrario.

Pero todas las cosas tienen su límite. Sí hasta Jesús de Nazaret; el amor por excelencia, echo a chicotazos del templo a los mercaderes, porque esto ya era un acto inadmisible. Para nosotros también es un acto inadmisible el avasallamiento de nuestras tierras.

Los avasalladores de tierras deben ser puestos en su sitio: por la justicia, por la policía, por el ejército o caso contrario por el pueblo; en uso de uno de los derechos consagrados en la Carta Magna de la ONU, como es el derecho de la legítima defensa. Dios quiera que no lleguemos a eso. Los que violan las leyes y los que la tienen que hacer cumplir, tienen la palabra.
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Publicado en:
- El periódico El Deber, Columna Los Colaboradores. 26 de septiembre de 2002.

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