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lunes, 24 de agosto de 2026

PACTO FISCAL: RETOÑA LA LUCHA AUTONÓMICA



 Jimmy Ortiz Saucedo

A lo largo de nuestra historia, cada generación de Cruceños ha tenido su propia lucha por el progreso y bienestar de Santa Cruz. En los últimos tiempos, nuestros abuelos pelearon por las regalías del 11%; nuestros padres protagonizaron la batalla por las autonomías; hoy nos corresponde librar una nueva batalla: la del Pacto Fiscal. Porque hay una verdad irrefutable: No hay autonomía sin plata.

La autonomía nunca fue un simple cambio administrativo, ni una bandera electoral, representa la aspiración Cruceña de decidir sobre su propio destino, frente a un Estado distante, de espaldas a los departamentos que lo componen. A lo largo de la historia, esa demanda adoptó distintas formas: federalismo, descentralización y autonomía, pero siempre persiguió el mismo objetivo: poner fin al centralismo que ha caracterizado al fracasado Estado boliviano.

Muchos creen que la lucha autonómica comenzó con los multitudinarios cabildos de inicio de los años 2000, se equivocan. Su origen se remonta a los primeros años de la República, ya en 1825 existían voces que reclamaban mayor capacidad para administrar nuestros propios recursos. En la navidad de 1876, Andrés Ibáñez encabezó la Junta Superior Federal del Oriente, convencido de que Bolivia necesitaba un sistema político más equilibrado.

A mediados del siglo XX, el Comité pro Santa Cruz retomó la bandera, impulsando una distribución más justa de la inversión pública y mayores competencias para las regiones, comenzando con la lucha por las regalías petroleras. El Cabildo del Millón, del 15 de diciembre de 2006, marcó un antes y un después. Recuerdo la fuerte efervescencia popular, demostrando que la autonomía había dejado de ser una consigna de dirigentes, para convertirse en una causa ciudadana.

Dos años después, el pueblo Cruceño ratificó democráticamente esa voluntad, mediante el referéndum autonómico. Finalmente, la Constitución de 2009 reconoció las autonomías departamentales. Sin embargo, el proceso quedó inconcluso. Se ganó la batalla política, pero no la económica.

Hoy, elegimos a nuestro gobernador por voto popular. Contamos con una Asamblea Legislativa Departamental y competencias reconocidas por la Constitución. Competencias muy lejanas a nuestras expectativas, pero competencias al fin. Sin embargo, la mayor parte de los recursos continúan concentrados en el gobierno nacional, con alrededor de un grosero 90%. Además, en una contradicción evidente: se transfieren responsabilidades, pero no el financiamiento necesario para ejercerlas plenamente.

Veinte años después del mencionado referéndum nacional sobre autonomía; en el que Santa Cruz votó mayoritariamente a favor del régimen autonómico, la gran tarea pendiente tiene nombre y apellido: Pacto Fiscal.

Bolivia necesita discutir con seriedad un nuevo modelo de distribución de los recursos nacionales. Las propuestas técnicas existen desde hace años. El Comité pro Santa Cruz, la Gobernación, universidades, especialistas en finanzas públicas y diversas organizaciones han presentado alternativas viables. Incluso el presidente Rodrigo Paz, planteo una propuesta concreta, el 50-50. Lo que falta no son propuestas, sino voluntad política.

Por ello resulta alentadora la reciente conformación del Consejo Autonómico de Santa Cruz. Que el Comité pro Santa Cruz, la Gobernación, la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, Amdecruz y los representantes legislativos departamentales, se sienten en una misma mesa, constituye una señal política potente.


El Pacto Fiscal no debe convertirse en una disputa entre regiones, sino en un debate nacional sobre cómo construir un Estado más eficiente, más equitativo y más cercano a los ciudadanos.

Santa Cruz no pide privilegios, exige coherencia. Si las autonomías existen en la Constitución, deben existir también en el presupuesto. Ayer discutíamos competencias, hoy debemos discutir recursos. Ayer peleábamos por el reconocimiento político, hoy debemos consolidar la autonomía económica. Ese será el gran desafío de esta nueva generación. El Pacto Fiscal será el paso definitivo, para completar la obra iniciada por tantas generaciones de Cruceños, que lucharon por una nueva Bolivia.

La historia demuestra que las grandes transformaciones de Santa Cruz, nunca fueron fruto de la resignación, sino de la perseverancia. Ha llegado el momento de escribir un nuevo capítulo de esa larga lucha por una autonomía plena, moderna y financieramente sostenible. El centralismo nunca ha cedido voluntariamente sus privilegios, cada avance ha debido conquistarse mediante la movilización ciudadana y la presión democrática

La lucha continúa, solo ha cambiado de nombre. Ayer se llamaba 11%, hoy se llama Pacto Fiscal.

 

jimiortizsaucedo@gmail.com

 

 Publicado en:

https://eldeber.com.bo/opinion/pacto-fiscal-retona-lucha-autonomica_1785800883

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